En esta oportunidad CAMESE entrevista a Poli, Dueño del Crematorio Privado Miramar y directivo de la Asociación de Crematorios de la República Argentina.
¿Cómo describís la evolución del Crematorio Privado Miramar desde sus inicios y cuáles fueron los hitos que consolidaron su identidad?
Desde su fundación en 1998, Crematorio Miramar se consolidó como un referente regional por mantener una atención ininterrumpida y centrada en la calidad del servicio.
Hitos claves fueron la profesionalización sostenida del equipo, la adaptación de protocolos y servicios durante la pandemia —cuando quedó en evidencia la necesidad de reforzar el ceremonial y el acompañamiento— y la apertura a modalidades de acompañamiento a distancia que hoy forman parte de nuestra práctica habitual.
Ese recorrido nos definió: profesionalismo, capacitación y una mirada humana en cada servicio.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos operativos, tecnológicos y normativos que enfrenta un crematorio con la trayectoria de Miramar?
Los desafíos son múltiples y convergentes:
- Mantener la actualización normativa y trazabilidad documental.
- Asegurar capacitación continua del personal.
- Adoptar tecnologías que mejoren la experiencia de las familias sin sacrificar el cuidado humano del proceso.
Operativamente, la demanda regional exige flexibilidad logística y acuerdos claros con actores institucionales.
Normativamente, el avance de estándares y protocolos obliga a una actualización permanente.
Nuestra respuesta es inversión en formación y en procesos que garanticen transparencia y seguridad.
¿Qué rol ocupa la capacitación del personal y qué impacto observás en la calidad y seguridad del servicio?
La capacitación es un pilar ineludible: reduce riesgos, mejora la comunicación con las familias y garantiza el cumplimiento de protocolos sanitarios y administrativos.
Un equipo formado transmite confianza y permite que la familia encuentre claridad en un momento emocionalmente complejo; además, posibilita la implementación de buenas prácticas técnicas que protegen la integridad del servicio.
Invertir en formación es invertir en la reputación y en la seguridad operativa.
¿Cómo cambiaron los rituales de despedida en los últimos años y qué aprendizajes dejó ese proceso?
Los rituales se hicieron más flexibles y diversos: se incorporaron modalidades virtuales, homenajes multimedia y la inclusión de elementos simbólicos no convencionales (por ejemplo, la participación de mascotas).
La pandemia reafirmó que el ritual es una herramienta de contención indispensable; nos enseñó a combinar respeto por la tradición con formatos que permitan la participación cuando la presencialidad no es posible.
El aprendizaje central fue que el ceremonial, bien diseñado, facilita el duelo y la reconstrucción afectiva
¿En qué áreas considerás que el sector crematorio necesita mayor ordenamiento, regulación o actualización?
Es necesario trabajar en estándares claros de trazabilidad documental, en protocolos uniformes de higiene y seguridad, y en marcos de transparencia sobre servicios y precios.
También conviene fomentar certificaciones técnicas y espacios de formación homologados. Un mayor ordenamiento beneficia a las familias y profesionaliza al sector. La cooperación entre cámaras y asociaciones puede acelerar ese proceso.
¿Qué papel deben ocupar los crematorios privados dentro del entramado institucional del sector funerario?
Los crematorios privados deben actuar como oferentes responsables: colaborar con autoridades sanitarias, compartir estándares técnicos y participar de redes profesionales que promuevan buenas prácticas.
Deben ser interlocutores fiables tanto para familias como para el sector público y privado, aportando transparencia y capacidad operativa. La meta es fortalecer la cadena de servicios a favor de la comunidad.
¿Cómo imaginás el futuro del servicio crematorio en la Argentina en los próximos diez años?
Imagino un sector más regulado, con mayor profesionalización y con modelos colaborativos que integren capacitación, certificación y tecnología adecuada.
Veremos más servicios híbridos (presenciales + digitales), mayor cooperación entre actores del país y apertura a estándares internacionales que faciliten la confianza pública.
El desafío será equilibrar modernización con una mirada humana que preserve el sentido del ritual
¿Cómo valorás el trabajo que está llevando adelante CAMESE en modernización y profesionalización del sector?
Valoro positivamente las iniciativas de CAMESE orientadas a profesionalizar y ordenar el sector: la cámara ha impulsado convenios y herramientas que mejoran la previsibilidad y el acceso a servicios para la comunidad.
Es importante enfatizar que, desde la Asociación de Crematorios, buscamos colaborar y articular con CAMESE en iniciativas que beneficien a las familias y a las instituciones, porque el objetivo común debe ser elevar estándares y no fragmentar el servicio.
¿Qué rol estratégico debería ocupar CAMESE en el futuro y qué expectativas tenés sobre el trabajo conjunto?
CAMESE puede asumir el rol de facilitador institucional: articular convenios con obras sociales y organismos, impulsar y respaldar herramientas de capacitación y fomentar procesos de certificación.
Nuestra expectativa es que CAMESE actúe con transparencia y diálogo abierto con las asociaciones y cámaras —un vínculo que entendemos complementario— para construir normas y programas que permitan brindar mejores servicios en todo el país.
Celebramos las señales de cooperación y aspiramos a ampliar acuerdos que prioricen la calidad y el acceso digno a la despedida.








